El globopez
Acrílico sobre tela
Colección privada.
Mi camino en la pintura no ha sido lineal, sino un proceso de idas y vueltas dividido en cuatro momentos fundamentales. A pesar de los años, el hilo conductor que ha unido mi obra siempre ha sido el surrealismo, con breves pero intensas incursiones en la abstracción.
- Primera y segunda etapa: La exploración y el viaje. A mis 30 años, comencé una exploración formal con el acrílico. Diez años después, a los 40, retomé los pinceles para abordar temas diversos, aparentemente incongruentes entre sí. Fue una época de búsqueda externa e interna.
- Tercera etapa: El artista toma conciencia. Esta etapa fue más que técnica; fue el momento en que empecé a verme realmente como artista. Fue un periodo prolífico y con mayor sentido creativo, donde utilicé el lienzo para abordar problemas de fondo cuyo origen se remontaba a mi niñez. De aquí nacieron las obras que definirían mi estilo actual.
Las obras perdidas: El patrón del desapego
Involuntariamente, he repetido un patrón de pérdida. Así como extravié negativos y fotografías con el paso del tiempo, mi producción pictórica de las dos primeras etapas se desvaneció.
Las obras de mis 30 años quedaron encargadas cuando partí a trabajar a Chile; fue allá donde desarrollé mi segunda etapa la cual, dejé íntegra en ese país. Al regresar de aquel largo viaje, me encontré con la ausencia: algunas pinturas fueron víctimas de la humedad y otras terminaron en hogares ajenos. De ese periodo, no conservo nada.
El presente y la cuarta etapa
Obras de mi tercer etapa
Hoy conservo solo algunas piezas de mi tercera etapa; la mayoría están en manos de familiares y apenas un par fueron vendidas. Monetizar mi arte siempre ha sido un enigma para mí, un proceso secundario frente a la necesidad de crear. Sin embargo, es en la madurez de estas obras donde se gestó el origen de lo que hoy considero mi cuarta etapa: una evolución más consciente y personal.
De esta evolución surgen, por primera vez en mi pintura, el concepto serie. Islas es la idea primigenia para la realización de una serie pictórica, con un tema central. Comencé cinco pinturas, de las cuales, concluí tres, las otras dos tiene un buen motivo para estar detenidas.
Una segunda serie fue incursionar en la abstracción, sin embargo, no obtuve la satisfacción deseada. Salvo una pintura pequeña, las demás, las he observado por mucho tiempo, pero sin que me llenen. Pero ya continué, de nuevo una pausa, ahora, provocada por lo más profundo de mi depresión, y que quedó representada en mi obra “Depresión” de la serie Islas.
El despertar de la Cuarta Etapa
Con el avance de las sesiones con mis terapeutas, la depresión finalmente comenzó a ceder y las ideas recuperaron su cauce. De pronto, al observar mis obras abstractas —dos de ellas en particular—, surgió ante mí una visión renovada: una explosión de colores vivos y figuras en pleno movimiento.
Aunque esta cuarta etapa ya se gestaba durante la transición de aquellas obras que quedaron en pausa, fue en algún momento de 2025 cuando todo cambió. Con la sombra de la depresión en franca retirada, sentí de nuevo la necesidad urgente de expresarme; pero esta vez, lo hacía desde la sanación y una mirada profundamente positiva.