
Bitácora
Bitácora Fotográfica: El inicio del viaje
Recuerdo las paredes de la recámara que compartía con uno de mis hermanos; estaban cubiertas de fotografías de lugares fantásticos como El Escorial, la Catedral de San Basilio, el Atomium de Bélgica o el Mont Saint-Michel. Me pasaba horas observándolas: los autos de los turistas y los visitantes mismos, transformados en diminutas hormigas deambulando por doquier. Era apenas un niño de siete u ocho años, pero me sentía profundamente atraído por aquellas imágenes fotográficas. Nacía en mí un deseo —o tal vez una necesidad— de capturar y testificar mi propia versión del mundo.