La regla dice: haz primero el dibujo, encaja el sujeto, resuelve las luces y sombras, y una vez que lo tengas resuelto, pasa el modelo al lienzo y solo entonces puedes comenzar a pintar. Eso dice la regla.
Las redes sociales están llenas de comentarios sobre reglas que nadie escribe, solo repiten, lo que me hace suponer que esa es la regla: primero es la técnica, y la técnica debe seguirse al pie de la letra. ¿Así debe ser?
Ser autodidacta ofrece ventajas, y también desventajas. Estoy consciente de que mis obras carecen de esa técnica que ofrece la educación académica, de mucha información que, de tenerla, tal vez ampliaría las posibilidades en lo que hago. Pero también consciente estoy de que no haría lo que hago si tuviera esa información.
Ser autodidacta me ofrece la libertad de no tener que seguir reglas. ¿Bueno o malo? Creo que eso depende de cada quien, de su estilo de aprendizaje, del objetivo que tenga dentro del arte. Seguir las reglas requiere tener claro el final del camino. No seguirlas me obliga a poner foco en el camino, y yo he aprendido a disfrutar ese camino.
He aprendido a ir paso a paso, a llevar el desarrollo de la propia obra con un café en la mano, música de compañera, con la mente procesando, con la idea desvelándose día a día, a sentarme a observar cada paso, a pensar en qué colores plasmar, qué formas agregar…
Mis obras son la incógnita del resultado final, son la emoción de descubrir lo que seguirá, son la emoción de disfrutar la pincelada, la mancha, el contenido… el camino.
Las reglas en el arte, la fórmula y la técnica son importantes, pero no me definen como artista. Para mí, la libertad es lo que me mueve, lo que me lleva a lo largo del camino.