El vuelo Ícaro levantó,
alas y sueños ajenos portaba;
sal de esta isla, su padre ordenó,
pero al sol no te acerques,
enfatizó,
mi anhelo de escape seguir debes.
Ícaro obedeció.
La libertad en el rostro Ícaro conoció,
el calor del sol lo alentaba
y con juvenil fervor hacia el se dirigió,
sin embargo, las alas que portaba
ajenas
su peso y sus sueños no soportaron.
Ícaro cayó.
Pero a pesar de lo que el mito pregona
Ícaro no murió,
desobedecer no quería,
pero comprendió que si al sol quería ir
sus propias alas del tamaño de sus sueños,
debía construir.
Ícaro se rebeló.
Construyó nuevas alas,
acorde a sus ideas,
pegó cada pluma con el fuego juvenil,
sus sueños altos eran
y debían resistir,
pues su propia vida debía vivir.
E Ícaro voló.